Al principio el idioma fue un reto, pero la gente me acogió con muchísimo cariño...
EL SABOR DE LA PERSEVERANCIA Y EL ÉXITO FAMILIAR
Liliane, tu historia comienza en Minas Gerais, pasa por Portugal y echa raíces en Mérida. ¿Cómo fue ese viaje vital y qué te enamoró de nuestra tierra?
– Mi aventura en Europa empezó en 2003 cuando viajé a Portugal. Mi motivación no era hacer fortuna, sino ofrecer a mi hija Ana Luísa, que entonces era un bebé, una vida segura y oportunidades de futuro. Allí construí mi vida muchos años, pero hace seis decidimos venir a Mérida para estar más cerca de mi marido, que ya trabajaba en España. Al principio el idioma fue un reto, pero la gente me acogió con muchísimo cariño. Me enamoró la calidad de vida de Extremadura, su tranquilidad y ese ambiente humano donde las personas aún se conocen y se apoyan.
Tienes formación como contable, pero decidiste dar el salto al emprendimiento en el sector hostelero. ¿Cómo nació vuestro primer proyecto?
– Siempre me han gustado los números y la gestión, y me considero una persona creativa a la que le gusta tomar decisiones. Las barreras del idioma me cerraron algunas puertas laborales, pero decidí transformar esa dificultad en una oportunidad. Junto a mi hija Ana Luísa, y gracias al apoyo y asesoramiento de UCETA, creamos una cooperativa y nos hicimos cargo de un bar cafetería. Nuestra idea era aportar algo diferente: compartir nuestra cultura y acercar la gastronomía brasileña a Mérida con recetas tradicionales, productos frescos y mucho amor.
… Mi mayor logro no es el éxito económico, sino haber convertido los obstáculos en oportunidades…
Introducir una gastronomía diferente siempre es un reto. ¿Cómo fue la respuesta de los emeritenses al probar vuestra propuesta?
– Los inicios exigieron mucha paciencia y dedicación. El mayor desafío fue precisamente conseguir que la gente se animara a probar sabores nuevos, ya que al principio siempre existe cierta resistencia a lo desconocido. Sin embargo, a base de trabajo constante, fuimos ganándonos la confianza de los clientes. Con el tiempo, hemos comprobado que Mérida es una ciudad cada vez más abierta a nuevas experiencias. Hoy me llena de orgullo ver cómo disfrutan de platos que hace unos años les resultaban completamente ajenos.
Ese espíritu emprendedor no descansa, y este verano viene cargado de grandes inauguraciones. ¿Qué nuevos proyectos acaban de ver la luz?
– ¡Así es, seguimos creciendo! El pasado 12 de junio inauguramos Sabor Lusitano, dentro de las instalaciones de la piscina de Esparragalejo, un restaurante que abro junto a mi socia lisboeta, Ana Rita, para que los extremeños puedan disfrutar de la auténtica comida tradicional portuguesa sin cruzar la frontera. Y la aventura familiar no se detiene: este mismo mes de julio, mi hija Ana Luísa inaugura «Cachotarta» en C/. Félix Valverde Lillo, 18 de Mérida, un proyecto maravilloso dedicado a los helados, tartas y dulces artesanales.
Al mirar hacia atrás y ver todo lo que habéis construido, ¿cuál consideras que es tu mayor éxito y a quién dedicas todo este esfuerzo?
– Mi mayor logro no es el éxito económico, sino haber convertido los obstáculos en oportunidades y, sobre todo, ver a mi hija convertirse también en emprendedora; el sueño de darle un futuro mejor se ha cumplido con creces. El triunfo se lo dedico a mi esposo, Rafael País, por ser mi apoyo diario y apostar por mis sueños. También a Portugal y a Extremadura por su acogida. Y, por encima de todo, le doy gracias a Dios por sostenerme en los días difíciles y acompañarme en cada paso de este camino.
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