Las malas experiencias sirvieron para acercarnos a nuestro sueño...
Dos hermanas, un mismo proyecto ¿Cómo descubristeis vuestra vocación?
Macarena: Yo siempre tuve clarísimo desde muy pequeña que mi gran sueño era ser peluquera. Nazaret no lo tenía tan claro, pero su lado creativo siempre estuvo ahí, llenando libretas de bocetos. Al terminar el instituto, yo empecé en la academia de peluquería. Nazaret me acompañaba muchas tardes y, viendo el ambiente, empezó a interesarse por las clases de estética. Al año siguiente se apuntó, y allí vivimos nuestra etapa más feliz.
Antes de emprender, pasasteis por trabajos donde la situación no era la ideal. ¿Cómo recordáis esa etapa profesional?
Nazaret: Fue una época muy complicada. Yo estuve años haciendo peluquería sin poder dedicarme a la estética, que era mi verdadera pasión, y sintiéndome poquísimo valorada.
Luego cambié a un negocio que no iba demasiado bien, Macarena acabó uniéndose al equipo. Durante tres años logramos levantar juntas la reputación del local y conseguimos una clientela fantástica. Pese a ello, por mucho que nos esforzábamos, seguíamos sin recibir ninguna valoración por parte de la que era nuestra jefa. Así es imposible crecer.
… Las cosas terminaron de la peor manera. A mí me despidieron de aquel trabajo simplemente por haberme contagiado de Covid…
La pandemia supuso el punto de inflexión definitivo para vosotras. ¿Qué ocurrió exactamente para que decidierais dar el gran salto?
Macarena: Las cosas terminaron de la peor manera. A mí me despidieron de aquel trabajo simplemente por haberme contagiado de Covid. A Nazaret intentaron echarla en plena pandemia estando embarazada, y finalmente acabaron despidiéndole a finales de ese mismo año. Tras acumular tantas malas experiencias y tratos injustos, nos plantamos. Decidimos que ya era el momento de tomar las riendas de nuestra vida, dejar de sufrir y convertirnos en nuestras propias jefas.
Cuatro años después de abrir vuestro propio local en Mérida, ¿qué balance hacéis de esta aventura emprendedora?
Nazaret: El balance es maravilloso. Costó mucho arrancar, pero gracias a la ayuda y el apoyo incondicional de nuestros padres logramos abrir. Han sido cuatro años de jornadas larguísimas y muchísimo trabajo duro, pero nos sentimos inmensamente orgullosas. Hemos aprendido que todo lo que se lucha de corazón, con constancia, se termina consiguiendo. Hoy nos damos cuenta de que todas aquellas malas experiencias solo sirvieron para acercarnos más a nuestro verdadero sueño.
¿Dónde podemos encontraros y por qué deberían animarse a visitaros?
Estamos en Los Bodegones de Mérida, en la Calle Diego Muñoz Torrero, donde os recibiremos con los brazos abiertos. Después de todo lo que hemos luchado, ponemos el alma en cada corte y en cada tratamiento. No solo ofrecemos un servicio profesional, sino un trato cercano, honesto y un lugar donde cada cliente se sienta verdaderamente valorado y como en casa.
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